
María Antonieta Génova, Médica Psiquiatra Especializada en Salud Psychological Perinatal
El término touched out no nació en la academia ni en un handbook de psiquiatría. Surgió del lenguaje cotidiano de muchas madres para nombrar una experiencia difícil de explicar: la sensación de haber alcanzado un límite frente al contacto físico constante que implica la crianza. En español no existe una traducción ampliamente aceptada para touched out, aunque muchas madres reconocen de inmediato la experiencia que describe.
En los últimos años, esta vivencia comenzó a ganar visibilidad también fuera de las comunidades de crianza. Un ejemplo es Touched Out, el libro de la ensayista estadounidense Amanda Montei, que explora la maternidad, el cuerpo y las demandas del cuidado desde una perspectiva private y cultural. Si bien la autora no acuñó el término, su obra refleja cómo una experiencia compartida por muchas madres ha comenzado a ocupar un lugar en el debate contemporáneo sobre la maternidad.
Pero ¿qué sabemos sobre el touched out desde la salud psychological perinatal? ¿Se trata simplemente de cansancio o existen procesos psicológicos, sensoriales y relacionales que ayudan a comprender por qué algunas madres sienten que, por momentos, ya no toleran un abrazo más, una nueva demanda de contacto o incluso el roce de otra persona?
Nombrar una experiencia no implica convertirla en un diagnóstico. A veces, simplemente significa reconocer que aquello que parecía particular person o motivo de culpa es, en realidad, una vivencia compartida que merece ser comprendida.
¿Qué entendemos por touched out?
Aunque touched out no es un diagnóstico ni un término médico, muchas madres lo utilizan para describir una experiencia muy concreta: la sensación de sentirse saturadas por el contacto físico constante que implica el cuidado de un bebé o de niños pequeños.
Frases como “necesito que nadie me toque por un rato”, “siento que mi cuerpo ya no da más” o “cuando termina el día no tolero un abrazo más” reflejan una vivencia que puede resultar difícil de expresar y que, en ocasiones, genera culpa o incomprensión.
Esta experiencia suele aparecer en un contexto de demandas físicas sostenidas: amamantar, cargar, dormir en contacto, sostener, calmar o responder repetidamente a las necesidades corporales de un hijo. Lejos de expresar falta de amor o de vínculo, el touched out puede entenderse como una respuesta a la intensidad y continuidad de esas demandas sobre el propio cuerpo.
¿Por qué ocurre?
No existe una única explicación para el touched out. Se trata de una experiencia compleja en la que probablemente confluyen factores físicos, emocionales, sensoriales y sociales.
Durante el embarazo, el puerperio y la crianza temprana, el cuerpo suele convertirse en la principal herramienta de cuidado. Amamantar, cargar, sostener, dormir en contacto, consolar y responder de manera continua a las necesidades de un bebé implican una disponibilidad corporal que, si bien puede ser profundamente gratificante, también puede resultar exigente.
A esto se suman otros factores frecuentes del período perinatal, como la privación de sueño, la carga psychological asociada al cuidado, la escasez de momentos de descanso y la dificultad para recuperar espacios de autonomía corporal. En algunas personas, especialmente aquellas con mayor sensibilidad al procesamiento de los estímulos sensoriales o con condiciones como el TDAH o el trastorno del espectro autista, esta sensación de saturación puede ser aún más intensa.
Comprender el touched out desde esta perspectiva permite alejarse de interpretaciones basadas en la culpa. No se trata de una falta de amor hacia los hijos, sino de reconocer que el cuerpo también necesita momentos de pausa y recuperación para poder seguir cuidando.
¿Qué nos cube la evidencia científica?
Aunque el término touched out no forma parte de la terminología médica ni constituye un diagnóstico, distintas líneas de investigación en salud psychological perinatal, neurociencias y procesamiento sensorial ofrecen herramientas para comprender esta experiencia.
Durante el embarazo, el puerperio y la crianza temprana, el organismo materno atraviesa profundas adaptaciones biológicas y psicológicas orientadas al cuidado del recién nacido. A ello se suman factores como la privación de sueño, la carga psychological del cuidado, el estrés crónico y la exposición continua a estímulos sensoriales, que pueden favorecer la sensación de agotamiento físico y emocional.
La investigación también sugiere que existen diferencias individuales en el procesamiento de los estímulos sensoriales. En algunas personas, particularmente aquellas con TDAH, trastorno del espectro autista u otros perfiles de mayor sensibilidad sensorial, el contacto físico constante puede experimentarse como especialmente demandante. Sin embargo, el touched out no es exclusivo de las personas neurodivergentes y puede presentarse en cualquier madre durante la crianza temprana.
¿Qué no significa el touched out?
Sentirse touched out no significa querer menos a un hijo ni rechazar el contacto con él de manera permanente. Tampoco implica, por sí solo, la presencia de un trastorno psychological o dificultades en el vínculo de apego.
En muchas ocasiones, esta experiencia refleja el impacto de un cuidado corporal intenso y sostenido, en un contexto de privación de sueño, sobrecarga y escasos momentos para recuperar el propio espacio físico.
Sin embargo, cuando la sensación de saturación se acompaña de un malestar persistente, desesperanza, irritabilidad intensa, ansiedad marcada o interfiere significativamente con la capacidad de disfrutar del vínculo o del funcionamiento cotidiano, es importante realizar una evaluación profesional para descartar la presencia de un trastorno de salud psychological perinatal.
Reconocer el touched out no busca patologizar la maternidad. Por el contrario, permite validar una experiencia frecuente, disminuir la culpa y favorecer conversaciones más honestas sobre los desafíos reales del cuidado.
¿Qué puede ayudar?
No existe una única estrategia para prevenir o aliviar la sensación de touched out, pero algunas acciones pueden contribuir a disminuir la sobrecarga física y emocional.
Recuperar, aunque sea por momentos, la autonomía sobre el propio cuerpo puede resultar reparador. Disponer de tiempos en los que otra persona asuma el cuidado del bebé, descansar, caminar, ducharse sin interrupciones o simplemente permanecer unos minutos sin contacto físico son necesidades legítimas, no actos de egoísmo.
También es importante distribuir las tareas de cuidado de manera más equitativa. La sobrecarga no depende únicamente de la cantidad de contacto físico, sino también del peso de la responsabilidad cotidiana y de la sensación de estar siempre disponible para las necesidades de otros.
Hablar sobre esta experiencia con la pareja, la familia, otras madres o profesionales de la salud puede ayudar a disminuir la culpa y el aislamiento. Poner en palabras lo que se siente suele ser el primer paso para comprenderlo.
Cuando la sensación de saturación es intensa, persistente o se acompaña de otros síntomas de malestar emocional, es recomendable consultar con un profesional de la salud psychological con experiencia en el período perinatal.
Las opiniones y puntos de vista expresados en este weblog son los del autor y no necesariamente reflejan la política, posición u opiniones oficiales de PSI, su equipo directivo, empleados, afiliados o socios. Cualquier contenido proporcionado por el autor tiene únicamente fines informativos y no debe interpretarse como una representación de la postura oficial de PSI sobre ningún asunto.
Apoyo de PSI para familias hispanoparlantes
Trending Merchandise



