
Ankita Mandal
Incluso mientras la cafetera prepara una nueva tanda de energía para el día, mientras la nieve cae suavemente sobre los árboles y el paisaje parece sacado de una postal, mientras la emoción de los niños llena la casa y el año nuevo se anuncia como un nuevo comienzo, muchas madres recientes descubren que les cuesta despertar a esta nueva etapa con la misma ilusión que el resto de su familia. En un momento del que no siempre se tiene conciencia, esa emoción se perdió, y recuperarla puede parecer una tarea abrumadora cuando el primer paso es reconocer que ya no está, especialmente en una época que socialmente se asocia con renovación, esperanza y propósitos.
Aceptar que aquello que antes daba alegría ya no lo hace puede ser profundamente desconcertante. Para una madre en el posparto, este sentimiento suele venir acompañado de culpa, que se intensifica al inicio de un nuevo año. Debería sentirme feliz. Este es el momento que siempre soñé. ¿Qué me pasa? Cuando el calendario cambia y las expectativas de optimismo son altas, estas preguntas pueden volverse aún más pesadas. Sin embargo, estos pensamientos no reflejan una falla private, sino una experiencia humana muy actual que merece comprensión y apoyo.
Durante los meses de invierno, muchas personas experimentan cambios en su estado de ánimo debido a la reducción de la luz photo voltaic, el frío y el aislamiento social. Este fenómeno se conoce como trastorno afectivo estacional. En madres recientes, estos cambios pueden mezclarse con los intensos ajustes físicos, hormonales y emocionales del posparto, creando una experiencia particularmente compleja y, a menudo, silenciosa.
El posparto ya es, por sí mismo, un periodo de gran transformación. El cuerpo se está recuperando del embarazo y del parto. Las hormonas fluctúan rápidamente, el sueño se fragmenta y la identidad private se redefine. Cuando a esto se suma el invierno, con días más cortos, menos salidas al exterior y menos contacto social, no es extraño que muchas madres se sientan agotadas, desconectadas o emocionalmente apagadas.
A diferencia de la tristeza pasajera o del cansancio común, el trastorno afectivo estacional puede manifestarse como una sensación continua de pesadez emocional. Algunas madres describen una falta constante de energía, dificultad para concentrarse, cambios en el apetito, irritabilidad o una sensación de estar funcionando en automático. Otras pueden notar que les cuesta disfrutar momentos que, en teoría, deberían ser felices, como las celebraciones familiares o los hitos de su bebé.
Es importante aclarar que experimentar estos sentimientos no significa que una madre no ame a su hijo o que esté fallando en su rol. El amor y el agotamiento pueden coexistir. La gratitud y la tristeza pueden aparecer al mismo tiempo. Reconocer esta dualidad es un paso esencial hacia la sanación.
Uno de los mayores desafíos del trastorno afectivo estacional en el posparto es que a menudo pasa desapercibido. Muchas madres normalizan su malestar, atribuyéndole únicamente a la falta de sueño o a las exigencias de la maternidad. Otras temen hablar de cómo se sienten por miedo al juicio o a no ser comprendidas. Sin embargo, expresar lo que ocurre internamente puede ser liberador.
Hablar con una persona de confianza, como una pareja, una amiga o un acquainted, puede abrir la puerta
a sentirse acompañada en lugar de aislada. Del mismo modo, compartir estas experiencias con profesionales de la salud permite distinguir entre los cambios emocionales esperables y aquellos que requieren mayor atención. Pedir ayuda no es un signo de debilidad, sino un acto de cuidado private.
Recomendaciones para atravesar el invierno con más apoyo
Por eso, incluso en el frío, vale la pena salir. No tiene que ser una gran excursión ni un plan elaborado. A veces, cambiar de espacio es suficiente para mejorar el ánimo. Buscar un museo tranquilo donde caminar sin prisa, entrar a una cafetería acogedora para sentarse con una bebida caliente o simplemente dar una vuelta en el auto pueden ofrecer una sensación de movimiento y novedad cuando los días parecen repetirse. Según información de WebMD sobre el invierno y el posparto, durante esta etapa es especialmente importante exponerse, cuando sea posible, a la luz pure, mantener alguna rutina y evitar el aislamiento prolongado, ya que estos factores pueden influir directamente en el estado de ánimo.
Y cuando salir no es una opción, ya sea por el clima, el cansancio o las demandas del cuidado, mantenerse conectada también cuenta. Hablar con otras personas, participar en comunidades
en línea o incluso leer y compartir experiencias a través de recursos como este weblog puede ayudar a recordar que no estás sola. La conexión, en cualquiera de sus formas, sigue siendo una forma de cuidado.
Quizás lo más importante sea recordar que esta etapa no outline para siempre la experiencia de la maternidad. Así como las estaciones cambian, también lo hacen los estados emocionales. El invierno puede sentirse largo, pero no es permanente. Con apoyo, comprensión y tiempo, muchas madres logran reencontrarse con la alegría, aunque esta se manifieste de una forma distinta a la que imaginaban.
Si al leer estas palabras algo resuena, si el cansancio parece más profundo, si la tristeza persiste o si la desconexión se vuelve abrumadora, vale la pena escuchar esa señal. No estás sola y no tienes que atravesar este proceso en silencio. Reconocer cómo te sientes es el primer paso para volver a sentirte acompañada, sostenida y, poco a poco, más cerca de ti misma. Porque incluso en los inviernos más grises, mereces cuidado, comprensión y luz.
WebMD. Postpartum Melancholy and Winter: Why Signs Can Get Worse. WebMD.
Disponible en: https://www.webmd.com/melancholy/options/postpartum-winter
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