
Daniela Rodríguez Campo, Psicóloga Clínica
El inicio de la maternidad es un reto, no importa que sea la primera criatura o la tercera o la quinta, siempre será un reto, porque nuestro cuerpo y mente se prepará para cuidar a esa criatura que no conoce y se prepara para poder sobrellevar todo lo que conlleva ese cuidado. Pensé muchas veces en qué pasaría cuando mi criatura llegará al mundo, lo planee todo, desde la cuna hasta la ropa, desde comprar esterilizadores de botellas hasta saber cómo suena el llanto del bebé cuando tiene hambre, frío o sueño, pensé (como buena persona ansiosa que soy), pensé que todo estaba muy bien planeado. que equivocada estaba.
Me descubrí tan perdida y asustada cuando nació mi hija que no sabía dónde había dejado todas las notas que hice, las preparaciones que había planeado. El día que mi hija vino al mundo, ese día también la ansiedad, el miedo, la culpa, la sensación de muerte nunca salieron de mi cabeza. La sensación de “mala madre” se instaló en mi pecho para no dejarme, supongo que no lo hará por un tiempo.
Pensé que al escribir este pequeño artículo el colour rosa pintaría un poco las letras pero no fue así, creo que la maternidad ya tiene suficiente rosa entre sus líneas, como para agregarle más de ello.
Al llegar del hospital después del parto, sentía que mi cuerpo se reconstruía de a poco, no con la misma rapidez con que lo hacía cuando period niña, pero se estaba curando, period algo más lo que gritaba por dentro, no solo yo estaba perdida, mi mente también lo estaba. Todos mis sueños, planes y fantasías se habían reducido a la ansiedad de que mi hija pasará frío, hambre, a que el colour amarillo se le quitará con baños de sol, a mantenerla viva; despertaba cada dos horas y le daba de mamar, nunca pensé atravesar por ese dolor, pensé que el parto sería el único momneto de dolor que pasaría en la maternidad, de nuevo, estaba equivocada.
Mi lactancia no se había instalado bien, me dolía cada vez que mi hija comía y me dolía el doble por saber que no podía ser buena madre y que no había cumplido con la sentencia de “lo mejor es darle pecho a tu hija, sientes que tocas el cielo”, yo sentía que tocaba el infierno y el cielo al mismo tiempo; porque de entre todo eso salió la dualidad maternal, ¡Amo a mi hija, amo verla existir!/¡No quiero darle más de comer, me duele!.
Siempre hay un ruido constante en mi cabeza. Hasta que pude hablar y decir basta, necesito aprender a pedir ayuda. La matrona vino a casa y ahí ella me puso a mi hija en una posición adecuada, me dijo: “Cuando abra la boca, le zambulles la teta” y así lo hice, sentí que por un momento period demasiado agresivo para mi y para ella pero fue la solución.
Un dato importante que no mencione es que mi madre y tías vinieron al nacimiento de mi hija, desde hace algunos años yo no vivo en mi país de origen, el que me hayan acompañado y acunado me hizo pensar en mi propia existencia. Mi madre me acompañó en el parto y ella misma cortó el cordón umbilical de mi hija, en esa misma habitación nació de nuevo mi madre, nací yo y nació mi hija, tres generaciones de mujeres habitando y respirando el mismo aire. Pero esta historia podría ser contada en otro momento.
Después de ese paréntesis quisiera decirles, que la sensación de comunidad me abrazo por un momento pero también me puso en una posición de presión, es decir, las expectativas de por sí ya son altas, cuando estás pasando por el embarazo todos piensan que tienen derecho a opinar, cómo puedes y debes criar, cómo debe ser tu parto, cómo debe ser todo; quizá lo hacen con la mejor intención pero para mi en ese momento period llevar una segunda mochila.
Cuento todo esto porque así fue como empecé con la sensación incontrolable de hacer todo mal, tenía dolor en el cuerpo, pero el dolor que sentía en mi alma period más grande. Por un lado sentía demasiada felicidad por tener a mi hija y verla todos los días, sentía que al fin había encontrado ese camino que tanto me faltaba, pero al mismo tiempo me sentía sola, triste y perdida.
Ahora puedo entender que está bien sentirse así, después de haber leído mucho, y sobrepasado esa sombra, no había nada malo en mí y tampoco en mi hija.
Me di cuenta que la maternidad no es un estira y afloja, es un proceso en el que hay altas y bajas. No hay competencia entre tú y tu criatura y tampoco odio o resentimiento porque esos sentimientos se construyen, lo que sí siente es amor porque eso es naturalmente hormonal y neuronal. El miedo se instala y no se va pero la fuerza de salir adelante al igual que otros sentimientos se construye y no se construye sola.
Se necesita tribu, se necesita un poco de luz en la ventana para atravesar la sombra que te abraza cuando te conviertes en madre.
Mayo es el mes de la salud mental materna, en este mes tan importante queremos invitarte a reflexionar sobre todo lo que conlleva el inicio de la maternidad. Recuerda no estás sola, no tienes la culpa. ¡Con ayuda, te sentirás mejor! Comparte este weblog de apoyo en salud psychological perinatal con quien lo necesite.
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